Al caer la tarde, el pueblo recupera su ritmo apacible: las casas de piedra dorada se encienden una a una y el pub junto al río se vuelve tan cosy como un salón de casa, con la chimenea encendida y una pinta que nadie tiene prisa por terminar.
Por la mañana merece la pena seguir el sendero entre Bourton-on-the-Water y los Slaughters, cruzando prados y puentecillos de piedra, sin más plan que llegar a tiempo para el té.





